Elegir los materiales adecuados, una decisión clave antes de empezar una reforma

Cuando pensamos en reformar nuestra vivienda es bastante habitual empezar imaginando el resultado final. Nos preguntamos qué color queremos para el suelo, cómo quedaría una determinada cerámica en el baño o qué tipo de encimera combinaría mejor con los muebles de la cocina. Es una parte entretenida de cualquier reforma, pero elegir los materiales únicamente por su apariencia puede llevarnos a cometer errores. Un material puede encantarnos cuando lo vemos en una exposición y después no resultar especialmente práctico para el lugar en el que queremos utilizarlo.

La elección debería tener en cuenta muchas más cuestiones que el diseño. La resistencia, el mantenimiento, la humedad, el uso diario, la facilidad de limpieza y las características de cada estancia pueden determinar si una opción es adecuada para nosotros. También debemos pensar en el presupuesto y en la instalación, porque el precio que vemos inicialmente no siempre representa todo lo que necesitaremos gastar para conseguir el resultado terminado.

Por eso merece la pena dedicar tiempo a esta fase antes de comenzar la obra. Cambiar de opinión cuando todavía estamos comparando materiales resulta relativamente sencillo. Hacerlo cuando una parte de la reforma ya está ejecutada puede implicar retrasos y gastos adicionales. Elegir con calma no significa complicar innecesariamente la reforma, sino intentar que las decisiones que tomemos hoy sigan pareciéndonos acertadas dentro de varios años.

No deberíamos elegir solamente por aquello que nos gusta a primera vista

Entrar en una exposición de materiales puede resultar un poco abrumador. Encontramos cerámicas de muchos tamaños, revestimientos que imitan piedra o madera, diferentes tipos de pavimentos, sanitarios, griferías y multitud de acabados. Es completamente normal sentirnos atraídos inmediatamente por algunos diseños, pero antes de decidir deberíamos preguntarnos dónde vamos a colocarlos y qué uso tendrán. La misma solución no tiene por qué funcionar igual en un dormitorio, una cocina, una terraza o un cuarto de baño.

También conviene pensar en nuestra forma de vivir. Una vivienda en la que viven varias personas, hay niños o tenemos mascotas puede necesitar materiales diferentes a los de un apartamento que utilizamos solamente durante algunas semanas al año. Si cocinamos diariamente, probablemente valoremos mucho que las superficies sean fáciles de limpiar. Si tenemos poco tiempo para dedicar al mantenimiento, quizá sea preferible elegir opciones resistentes que no necesiten cuidados demasiado específicos.

Aquí conviene hacernos una pregunta bastante sencilla antes de comprar algo. ¿Nos seguirá pareciendo una buena elección cuando tengamos que utilizarlo y limpiarlo todos los días? Muchas veces esa pregunta cambia nuestra perspectiva. La estética es importante porque todos queremos sentirnos cómodos en casa, pero el material más bonito de una exposición puede convertirse en una mala elección si resulta poco práctico para nuestra rutina.

Cada espacio de la vivienda tiene necesidades diferentes

No deberíamos pedir exactamente lo mismo a todos los materiales de una casa. En el baño, por ejemplo, encontramos humedad y contacto frecuente con el agua. En la cocina tenemos manchas, grasa, calor y un uso bastante intenso de determinadas superficies. En una terraza exterior aparecen además la lluvia, el sol y los cambios de temperatura. Esto significa que un material que funciona perfectamente en una estancia puede no ser la mejor opción para otra.

El suelo es probablemente uno de los ejemplos más fáciles de entender. Podemos encontrar un pavimento que nos encante visualmente, pero antes deberíamos comprobar si resulta adecuado para la estancia en la que queremos instalarlo. Además de su apariencia podemos valorar su resistencia, mantenimiento y comportamiento ante las condiciones a las que estará expuesto. En zonas húmedas también deberemos prestar atención a cuestiones relacionadas con el agua y la seguridad.

Lo mismo ocurre con las paredes. No todas necesitan soportar las mismas condiciones ni tienen que recibir el mismo revestimiento. Podemos utilizar pintura en determinadas habitaciones y optar por otros materiales en zonas donde exista mayor exposición a humedad o suciedad. Lo importante es que nuestras decisiones respondan a las necesidades reales del espacio y no únicamente a una fotografía que hemos visto y queremos reproducir exactamente en nuestra casa.

Los materiales que no vemos también son importantes

Una reforma no está formada únicamente por aquello que quedará visible cuando termine la obra. Detrás de un revestimiento podemos encontrar adhesivos, morteros, sistemas de impermeabilización o materiales aislantes. Son elementos que probablemente no volveremos a ver una vez finalizados los trabajos, pero su elección y colocación pueden influir directamente en el comportamiento y la duración del resultado final. Según la información ofrecida por Lopsa, dentro de los materiales destinados a construcción y rehabilitación podemos encontrar soluciones para fachadas, cubiertas, aislamiento, impermeabilización, cementos, morteros y tabiquería, entre otras posibilidades. Esta variedad nos ayuda a comprender que elegir materiales durante una reforma no consiste únicamente en decidir qué suelo o azulejo nos gusta más, ya que existen numerosos elementos menos visibles que también cumplen una función importante dentro del conjunto de la vivienda.

Esto se aprecia muy bien cuando pensamos en la impermeabilización. Podemos colocar un revestimiento precioso en una zona expuesta al agua, pero si aquello que existe debajo no está correctamente preparado pueden aparecer problemas con el tiempo. Algo parecido sucede con la colocación de determinados pavimentos o revestimientos. El resultado final depende tanto de aquello que vemos como de la preparación del soporte y de los productos utilizados durante la instalación.

El aislamiento merece nuestra atención cuando vamos a realizar una reforma

Si estamos planteando una reforma suficientemente amplia, puede ser un buen momento para observar cómo se comporta nuestra vivienda frente al frío y al calor. Quizá tengamos habitaciones que resultan difíciles de calentar durante el invierno o zonas que alcanzan temperaturas demasiado elevadas durante el verano. En ocasiones nos acostumbramos a estas situaciones y pensamos que forman parte inevitable de nuestra casa, cuando existen intervenciones que pueden mejorar su comportamiento.

El aislamiento puede intervenir en diferentes partes del edificio y no existe una única solución válida para todas las viviendas. Las necesidades dependerán de cómo esté construido el inmueble, de su antigüedad, orientación y características. Por eso no tiene demasiado sentido comprar un aislante simplemente porque hemos leído que ofrece buenas prestaciones. El producto debe adaptarse al lugar en el que va a instalarse y también debe colocarse correctamente para que pueda cumplir su función.

Este es un buen ejemplo de por qué deberíamos intentar mirar más allá de la decoración. Si vamos a invertir una cantidad importante en renovar una vivienda, quizá tenga sentido dedicar parte del presupuesto a mejorar aspectos que después influirán diariamente en nuestro confort. No será lo primero que enseñemos cuando alguien venga a ver nuestra casa reformada, pero probablemente sí sea una de las mejoras que más podamos agradecer con el paso del tiempo.

En cocinas y baños necesitamos pensar especialmente en el uso diario

Cocinas y baños suelen concentrar buena parte de las decisiones relacionadas con los materiales. Tenemos que elegir pavimentos, revestimientos, muebles, encimeras, sanitarios, griferías y otros elementos que utilizaremos prácticamente todos los días. Además, son espacios en los que el agua y la humedad tienen una presencia importante, por lo que no deberíamos tomar decisiones basándonos exclusivamente en cuestiones estéticas.

Antes de elegir podemos fijarnos en diferentes aspectos, como la resistencia del material al uso que recibirá, su comportamiento en presencia de humedad y la facilidad con la que podremos limpiarlo. También conviene pensar en el mantenimiento que necesitará con el paso del tiempo, la superficie sobre la que se instalará y la seguridad que ofrece en aquellas zonas que puedan mojarse. A todo ello podemos sumar la facilidad para sustituir o reparar determinados elementos en el futuro y la manera en la que cada material combinará con el resto de acabados de la estancia. Tener en cuenta todas estas cuestiones nos permitirá escoger pensando no solo en la apariencia, sino también en cómo funcionará el material en nuestro día a día.

También podemos pedir muestras cuando sea posible y observarlas en nuestra propia vivienda. La iluminación de una exposición no es necesariamente igual a la que tenemos en casa y un color puede cambiar bastante dependiendo de la luz natural o artificial. Llevar una pequeña muestra y verla junto a otros elementos que ya hemos elegido puede evitarnos sorpresas cuando recibamos todo el material.

Lo más caro no tiene por qué ser siempre lo más adecuado

Cuando hacemos una reforma podemos caer fácilmente en dos extremos. Uno consiste en buscar siempre el material más barato para reducir el presupuesto y el otro en asumir que cuanto más paguemos, mejor será necesariamente nuestra elección. Ninguna de estas dos ideas funciona siempre. Lo importante es encontrar una relación razonable entre calidad, prestaciones, duración, estética y precio teniendo en cuenta el uso que daremos al producto.

Hay elementos en los que quizá tenga sentido invertir algo más porque estarán sometidos a un uso intenso o porque sustituirlos posteriormente resultará complicado. En cambio, podemos encontrar otros en los que no necesitamos las prestaciones más elevadas del mercado. Distribuir correctamente nuestro presupuesto nos permitirá gastar más en aquello que realmente importa y ahorrar en aspectos donde una opción sencilla puede cumplir perfectamente nuestras necesidades.

También deberíamos considerar la vida útil. Un producto barato que tengamos que sustituir poco tiempo después puede terminar resultando más caro que otro cuyo precio inicial era superior. Al mismo tiempo, tampoco necesitamos pagar por características que no vamos a aprovechar. La clave está en conocer qué necesitamos realmente y comparar productos equivalentes antes de tomar una decisión.

Comprar todo antes de comprobar medidas y cantidades puede salir caro

Cuando encontramos una oferta atractiva podemos sentir la tentación de comprar inmediatamente, especialmente si pensamos que el precio va a subir o que el producto podría agotarse. Sin embargo, antes de realizar un pedido importante necesitamos saber exactamente cuánto material necesitamos. Comprar demasiado supone gastar dinero innecesariamente, mientras que quedarnos cortos puede provocar retrasos e incluso problemas si después no encontramos exactamente el mismo modelo, tono o partida.

Las mediciones deben tener en cuenta también los cortes, ajustes y posibles pérdidas que se producen durante la colocación. La cantidad adicional necesaria dependerá del material, del formato y de la superficie. No deberíamos aplicar automáticamente el mismo porcentaje a cualquier producto. Cuando tengamos dudas, resulta preferible calcular las necesidades de acuerdo con las características concretas de la instalación.

También es importante comprobar el material cuando lo recibimos y antes de comenzar a colocarlo. Si existe alguna diferencia, pieza dañada o error en el pedido, detectarlo en ese momento nos permitirá reaccionar antes. Descubrir el problema cuando una parte ya está instalada puede complicar bastante la solución. La organización previa puede parecer una parte aburrida de la reforma, pero muchas veces es precisamente lo que evita los retrasos posteriores.

Elegir bien significa pensar en cómo queremos vivir nuestra casa

Una reforma debería servir para conseguir una vivienda que se adapte mejor a nosotros. Los materiales forman parte de ese objetivo y por eso deberíamos elegirlos pensando tanto en el presente como en los próximos años. Una familia puede necesitar superficies especialmente resistentes, mientras que otra persona puede valorar principalmente la facilidad de mantenimiento. No existe una selección perfecta para todo el mundo porque tampoco todas las viviendas se utilizan de la misma manera.

También conviene evitar que las tendencias sean nuestra única referencia. Los colores, formatos y estilos cambian con bastante rapidez, mientras que muchos de los materiales que instalemos permanecerán en nuestra vivienda durante años. Podemos incorporar aquello que nos gusta de las tendencias actuales sin sentir que necesitamos reproducir exactamente una imagen de catálogo. Nuestra casa debería responder primero a nuestras necesidades y después a las modas del momento.

Elegir materiales antes de empezar una reforma requiere algo más de tiempo del que inicialmente podemos imaginar, pero merece la pena dedicarlo. Tenemos que pensar dónde se instalarán, qué uso recibirán, cómo se mantendrán, qué preparación necesitan y cuánto queremos invertir. Cuando conseguimos combinar funcionalidad, resistencia, presupuesto y estética, tenemos muchas más posibilidades de terminar la reforma satisfechos no solo con aquello que vemos el primer día, sino también con la manera en la que nuestra vivienda funciona con el paso del tiempo.

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