Quien dice casa dice cualquier tipo de edificación que lo requiera. En los últimos años se ha puesto a la orden del día renovar las fachadas de los edificios. Para poder cumplir con los requerimientos técnicos y de seguridad que imponen los ayuntamientos y, por supuesto, para renovar esas fachadas antiguas que el tiempo ha dejado tocadas. Renovar las paredes exteriores de edificios y viviendas es muy habitual, ya que permite que los edificios recuperen su vistosidad y mejoren su estructura.
La fachada es la carta de presentación de todo proyecto de arquitectura. Desde el primer momento en que se ve, el revestimiento exterior del edificio proporciona el tono y comunica el concepto de diseño pretendido. Ofrece una primera impresión que influye directamente en la percepción del observador. En muchas ocasiones, las fachadas de los edificios se diseñan como un mero espacio de aproximación que invita a contemplar el edificio en cuestión.
La materialidad de los revestimientos exteriores cumple con esa misión de traducir el concepto arquitectónico y de renovar las instalaciones llegado el momento. Se trata de un lenguaje visual y táctil, capaz de comunicar sensaciones y valores: desde la calidez de la madera hasta la solidez de la piedra, pasando por la modernidad de los metales o la simpleza de otros materiales. En función del tipo de edificio a construir o renovar, se recurre a unos u otros materiales. Según lo que se pretenda transmitir con el diseño, la fachada representa el carácter y finalidad del edificio, respondiendo a unos criterios funcionales y sostenibles integrados en su contexto.
Existen diversas opciones para revestimiento exterior, materiales para fachadas ligeras en las que se combina la estética con la funcionalidad y la adaptabilidad. Todo depende de la finalidad del proyecto: un edificio de nueva construcción o renovar la fachada de edificios con una antigüedad notable. Texturas, colores, propiedades… hay que considerar a la hora de elegir el revestimiento ideal.
Qué es un revestimiento de fachada
En esta ocasión vamos a centrarnos en los sistemas SATE (Sistema de Aislamiento Térmico Exterior), debido a que se han consolidado como solución
Más eficaz a la hora de mejorar la eficiencia energética de los edificios, al mismo tiempo que se mejora su aspecto exterior. Al menos así nos lo explican en Vidroplast Cantabria como distribuidores y comercializadores de aislamientos térmicos y acústicos, entre otros materiales y productos.
El revestimiento de fachadas o cualquier tipo de pared exterior consiste en coberturas que se colocan en el exterior de los edificios y viviendas. Su función principal no es otra que mejorar y prolongar la conservación de muros y paredes, dentro del conjunto del edificio en cuestión. Además de proporcionar una mejora en la eficiencia energética del inmueble. Se trata de uno de los recursos más utilizados a la hora de rehabilitar fachadas en mal estado, mejorar su aspecto y su funcionalidad. Un buen revestimiento de fachada no cumple exclusivamente una función estética, permite que los materiales que componen muros y paredes se conserven en buen estado durante más tiempo.
Los tipos de revestimiento más utilizados en los sistemas SATE consisten en capas externas aplicadas sobre paneles aislantes en las fachadas exteriores. Estos revestimientos aportan un buen acabado estético y visual, protegen el aislamiento térmico y aumentan la durabilidad del sistema. En función del tipo de material y acabado utilizado, los revestimientos pueden mejorar su resistencia a la humedad, la protección frente al sol y las temperaturas extremas y proporcionar aislamiento acústico de forma adicional.
El revestimiento de acabado orgánico es una de las opciones más populares dentro del sector de la rehabilitación de edificios. Esto se debe a su flexibilidad y resistencia, debido a su composición a base de resinas orgánicas, aplicadas sobre el sistema aislante. Este tipo de acabados orgánicos hace posible que se pueda personalizar la estética, siendo teñidos y proporcionando diversas texturas.
Se trata del revestimiento ideal en aquellas fachadas expuestas a climas moderados. Ofrece buena resistencia a la intemperie y la humedad. Su acabado orgánico es muy fácil de aplicar y mantener, por lo que es muy buena opción tanto en construcciones nuevas como en rehabilitaciones de edificios. Proporciona una capa uniforme resistente a las grietas y tiene gran capacidad para adaptarse a diferentes acabados.
Por otro lado, encontramos el revestimiento de acabado de capa fina. Una opción técnica y estética consistente en una capa delgada de mortero que se aplica sobre el sistema de aislamiento. Se utiliza para lograr un acabado liso o mejorar la durabilidad del sistema. Es especialmente adecuado cuando el proyecto requiere una terminación elegante y suave, proporcionando un aspecto uniforme y pulido.
Este tipo de acabado es muy popular por su ligereza y rápida instalación. Ofrece proporción adicional contra las variaciones térmicas y la humedad, mejorando la durabilidad a largo plazo. Como el anterior, permite una alta personalización en cuanto a textura y color.
Otro tipo de revestimiento es el de acabado cerámico. Una opción popular en aquellos edificios que requieren un revestimiento con alta resistencia y durabilidad. Este tipo en particular consiste en azulejos y baldosas cerámicas que se colocan sobre el sistema de aislamiento. Los revestimientos cerámicos proporcionan gran protección frente a la humedad, siendo de gran resistencia ante los impactos y la abrasión.
Los revestimientos cerámicos proporcionan versatilidad estética, existiendo una amplia variedad de colores, texturas y tamaños que lo hacen muy aconsejable en los edificios comerciales o zonas donde existe mucho tráfico.
Por último, citar el revestimiento de piedra natural. Una de las opciones premium en lo que a sistemas SATE respecta, ya que proporcionan un aspecto elegante y sofisticado, además de ser una excelente protección frente a las inclemencias del tiempo. La piedra natural, como granito o caliza, es de lo más duradera y resistente, por lo que son opciones ideales a la hora de revestir edificios de alto valor o proyectos en los que se busca la mejor estética. Es un revestimiento muy resistente al paso del tiempo, fácil de mantener, pero evidentemente de mayor coste.
La elección del revestimiento de fachada
Elegir el revestimiento de fachada no es algo que se deba hacer a la ligera. Su elección va en función de varios factores que hay que considerar, como el presupuesto, las necesidades de aislamiento térmico y acústico y la estética pretendida. De manera que los tipos de revestimiento de fachada se deben seleccionar en función de las condiciones climáticas de la zona, el tipo de edificio a revestir (residencial, comercial, rehabilitación, vivienda) y la expectativa relativa a la durabilidad.
Resulta de gran importancia que tanto arquitectos como empresas de construcción consulten con los expertos en la materia. Es decir, los fabricantes y proveedores. Estos profesionales son los que mejor conocen las propiedades de cada tipo de revestimiento. Para elegir la mejor opción, esta no debe cumplir únicamente requisitos estéticos; también debe proporcionar un rendimiento óptimo en lo que aislamiento y protección respecta.
Como hemos podido comprobar a lo largo de este artículo, existen en el mercado diversos tipos y una amplia variedad de opciones. Estos materiales permiten que se mejore la eficiencia energética y la estética de cualquier edificio o construcción. Hemos analizado, en cierta medida, cada uno de los revestimientos que, en la actualidad, son más utilizados. Cada una de estas opciones cuenta con sus propias ventajas, todo en función de las necesidades de cada proyecto. Por lo que saber elegir el más adecuado es fundamental para que el resultado sea el esperado.
Además de todo lo expuesto, hay que tener en cuenta el coste que tiene el revestimiento de una fachada. Puesto que cada material y tipo de revestimiento tiene un coste diferente, el presupuesto disponible va a determinar el material en gran medida. Los factores a considerar para calcular el coste son:
- La superficie de la fachada en metros cuadrados.
- La ubicación del inmueble.
- La altura del edificio.
- El estado en el que se encuentra la fachada en ese momento.
- El tipo de acciones previas que hay que llevar a cabo.
- El tipo de revestimiento elegido.
- La técnica aplicada a la hora de llevar a cabo los trabajos.
Con esta lista completada, se solicita el presupuesto, adaptándolo a cada situación y proyecto. En función de la localización y los materiales elegidos, el presupuesto puede variar notablemente. Aun así, se trata de una inversión a largo plazo. Los resultados serán duraderos y no habrá que preocuparse por el aspecto y funcionalidad de la fachada durante muchos años.
Por lo general, las edificaciones convencionales pretenden un equilibrio entre la facilidad de mantenimiento y el aspecto decorativo de la fachada. El material que mejor reúne esas propiedades suele ser la cerámica, con la que se puede revestir cualquier fachada con muy diversos acabados, colores y texturas. Además de poderse utilizar piezas de diferente tamaño. Sin embargo, no todos los edificios admiten este tipo de revestimiento, por lo que las opciones más demandadas son el revestimiento de acabado orgánico y el de capa fina. En cualquier caso, lo mejor es contactar con los profesionales y tomar la decisión más acertada en base al presupuesto y los consejos de los que saben sobre el tema.



