Viajar a Alicante, además de disfrutar de esta bella ciudad mediterránea, te da la opción de conocer bonitos rincones en excursiones de un día, sin alejarte demasiado de la ciudad. Te hablamos de algunas de estas localizaciones y cuál es el mejor medio de transporte para llegar a ellas.
Aunque parece que el verano es la época más indicada para ir a Alicante, en realidad, se puede visitar en cualquier época del año. La temperatura agradable que hace en la zona durante los 12 meses, el sol mediterráneo que impregna sus calles y la cercanía al mar lo convierten en un entorno paradisíaco.
Las ciudades costeras cercanas a la capital no tienen nada que envidiarle. Cada una de ellas, desde su singularidad, sorprende al visitante con su historia, sus tradiciones, su gastronomía y el carácter hospitalario de sus gentes.
Una de las bondades que tiene Alicante es que está muy bien comunicado con el resto de la provincia. Sobre todo con la costa. Por lo que puedes desplazarte a muchos lugares sin necesidad de coger el coche. Utilizando el transporte público. Algo que es de agradecer. Puesto que te puedes entregar a los placeres mundanos, al buen comer y al buen beber, sin reprimirte en absoluto.
En menos de una hora desde Alicante, utilizando el transporte público, puedes descubrir ciudades y pueblos preciosos que, al no estar lejos de la capital, si te gustan, puedes repetir.
Es de estos lugares de los que te voy a hablar. Destinos donde te puedes planificar una excursión de un día, manteniendo tu alojamiento y tu base de operaciones en Alicante, saliendo por la mañana para ir a conocerlos y regresando a la noche para dormir en el hotel.
En todos estos lugares he estado alguna vez y de todos ellos guardo un grato recuerdo.
El Campello.
Comenzamos por el municipio más cercano de todos los que te voy a recomendar, El Campello, a solo 15 kilómetros de Alicante. Un bonito pueblo costero, con una playa preciosa de arena fina, cargado de historia.
Si vas a El Campello, la página web Gymkana Turística nos dice que no nos podemos perder la Illeta dels Banyets, un yacimiento arqueológico con más de 5.000 años de antigüedad que conserva restos íberos y romanos. Entre estos últimos, destacan las termas y las piscifactorías. Un detalle que pone de manifiesto cómo este lugar está ligado al mar y a la pesca desde tiempos inmemoriales.
Otro lugar de interés para visitar es la Torre de la Illeta. Un monumento defensivo del siglo XVI que forma parte de la red de torres que se levantaban por la costa levantina para protegerla de los ataques de los piratas. Era una torre de vigía.
Los lugareños recomiendan visitar la lonja del puerto. Donde cada tarde se celebra, abierto al público, la subasta de pescado. Los visitantes pueden ver cómo se subastan las capturas recogidas a la mañana por los pescadores con un subastador que va cantando en valenciano a velocidad de vértigo los precios de mayor a menor, hasta que un restaurante o pescadero da el alto para comprar la carga.
El Campello también es un lugar fabuloso para ir a comer. El paseo marítimo está plagado de restaurantes que preparan sabrosos platos con el pescado del día. En el pueblo, por otro lado, hay una comunidad británica que lleva años viviendo allí, y donde puedes encontrar pubs en los que tomarte una buena pinta de cerveza.
A El Campello puedes ir en la línea 21 de bus, un autobús interurbano que conecta Alicante con El Campello; de todos modos, el medio de transporte más cómodo y que tiene una mayor frecuencia es el Tram, cogiéndolo en dirección a Benidorm.
Santa Pola.
De Santa Pola tengo recuerdos relacionados con su gastronomía. Recuerdo haber comido allí uno de los arroces más ricos que he tomado en mi vida. En concreto, un arroz a banda, un arroz seco, marinero, que según me contaron, se hace con caldo de pescado que se va añadiendo poco a poco, según lo va requiriendo la cocción, propiciando que el arroz vaya liberando el almidón, igual que sucede con el risotto italiano.
Santa Pola es una ciudad turística; lo lleva siendo desde hace décadas. Pero su cultura y su economía están muy ligadas a la pesca. Tanto es así, que en sus mercadillos hay puestos donde se vende pescado secado al sol.
De esta ciudad alicantina llama la atención su imponente castillo. Una construcción cuadrada, levantada en el siglo XVI, dispuesta alrededor de un gran patio de armas, que actuaba como baluarte defensivo frente a los frecuentes ataques de los piratas. Hoy, este monumento con dos pisos de altura está abierto al público como museo y sala de exposiciones.
En el centro de la ciudad tenemos un palmeral que guarda en su interior los restos de una villa romana, levantada allí varios siglos antes de Cristo.
Santa Pola reúne todos los atractivos para disfrutar de una completa excursión que nos abarque todo el día. Sol, playa, cultura y gastronomía.
Está muy bien conectado con Alicante. Hay varios autobuses que comunican las dos ciudades. Si bien los habitantes del lugar nos dicen que la mejor manera de llegar allí es contratar un taxi local.
Los taxistas de Polataxi, la Asociación de Taxis de Santa Pola, nos cuentan que son habituales los trayectos en dirección a Alicante y a toda su área metropolitana, lo que se conoce como el Gran Alacant. El servicio funciona las 24 horas al día, todos los días del año.
Elche.
Elche es una de las grandes ciudades de la provincia. Capital nacional de la industria del calzado. En esta ciudad han nacido icónicas marcas del calzado deportivo como Kelme.
Pero sí hay un atractivo singular que tiene esta ciudad y que no puedes dejar de visitarlo: el Palmeral de Elche. Un parque de 500 hectáreas que alberga entre 200.000 y 300.000 palmeras. Es el palmeral más grande de Europa y uno de los más grandes del mundo. Fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en el año 2.000.
No es un simple parque de recreo por el que pasearte. El lugar está cargado de historia. En época de Abderramán I, el rey árabe que fijó la capital de Al Ándalus en Córdoba, cuando el reino musulmán abarcaba casi toda la península ibérica, ya existía este parque y tenía casi la misma extensión que en la actualidad. Los árabes cuidaron el palmeral, instalando un sistema de acequias que facilitaba el regadío de la zona. Sin embargo, como reconoce la web Elche se mueve, el palmeral es muy anterior. Y ya había constancia de su existencia en escritos del historiador romano Plinio el Viejo. Se han hallado fósiles de dátil de palmera en la zona que tienen una antigüedad de unos 4.500 años.
En Elche, además, tenemos museos, como el Museo Arqueológico, palacios como el Palacio de Altamira, iglesias barrocas como la Basílica de Santa María y, por supuesto, estupendos restaurantes donde deleitarse con las delicias locales como el arroz con costra. Un arroz al horno que lleva una crujiente costra de huevo batido por encima.
A Elche puedes llegar con el tren de cercanías que une Alicante con Murcia.
Tabarca.
En su lista de las mejores excursiones de un día cerca de Alicante, el Club Alegría nos recomienda visitar la isla de Tabarca. Una pequeña isla situada frente a las costas de Alicante y Santa Pola, que reúne todas las características para disfrutar de un día diferente en familia.
La isla es pequeña, tiene menos de un kilómetro cuadrado de extensión, se puede recorrer andando y en ella solo hay censadas 51 personas. Pero tiene playas, costa, algo de montaña y un pequeño pueblo, con una calle sin asfaltar, que lo recorre de punta a punta.
Es una isla turística. Vive de la gente que acude a visitarla desde los ferris que parten de los puertos de Alicante y de Santa Pola. Es tranquila y acogedora. En su calle puedes encontrar tiendas de souvenirs y, junto al mar, al lado del atracadero donde paran los ferris, tienes varios restaurantes organizados como chiringuitos de playa donde puedes degustar un riquísimo arroz con bogavante.
La isla de Tabarca es conocida como la isla de los piratas. Fue ocupada por corsarios berberiscos, procedentes posiblemente de Argel, que la utilizaban como enclave estratégico desde el que planificaban y perpetraban asaltos a los pueblos de la costa.
Se intentó colonizar la zona en época del rey Carlos III, con colonos provenientes de Sierra Morena, con la idea de desarrollar allí la pesca y algo de agricultura. Es esa la época en la que se forman los primeros asentamientos estables. Si bien, en los hechos, la isla siempre ha estado abandonada a su suerte, hasta que fue recuperada para el turismo.
Villajoyosa.
El club Alegría también nos invita a visitar Villajoyosa, capital histórica de la comarca de la Marina Baja, a pocos kilómetros de Benidorm y tan solo a 32 km de distancia de la ciudad de Alicante.
Este bonito pueblo costero está atravesado por el río Amadorio, que desemboca en el término municipal de esta localidad y a cuyo cauce se asoman casas de vivos colores que recuerdan a las casas colgantes de Cuenca.
El colorido de sus casas, cada una de un color diferente, es una de las señas de identidad del lugar. Tanto es así, que esta manera de construir llega hasta la playa y se avistan desde el Mediterráneo varias millas mar adentro. Se dice que las fachadas de las casas se pintaban de colores vivos para que las pudieran ver los pescadores y tuvieran un punto de referencia donde fondear y regresar a puerto.
Villajoyosa también es la cuna del chocolate. En esta ciudad tiene su origen y su sede la casa Valor. Una de las marcas de chocolate más reputadas a nivel nacional. Precisamente, en un anexo a la fábrica de chocolates Valor se encuentra el Museo del Chocolate. Un museo en el que puedes conocer los procesos de elaboración de este producto y cómo ha evolucionado desde que Cristóbal Colón trajo los primeros granos de cacao a Europa.
La costa de Villajoyosa está salpicada de torres. Algunas de carácter defensivo y otras de propiedad particular, incorporadas en villas y casas, que servían para transmitir las alarmas de ataque que emitían las torres de vigía.
Villajoyosa es otro lugar estupendo para visitar en una excursión de un día, cualquier día del año. Hasta allí puedes llegar desde Alicante en el Tram que va en dirección a Benidorm.



